Preferencia por lo dulce


El dulce es uno de los cinco sabores básicos y de los únicos que es aceptado de manera global por todas las culturas y etnias de la tierra como uno de los sabores más placenteros. Se detecta principalmente en las papilas gustativas de la punta de la lengua. Los alimentos que poseen un alto contenido de carbohidratos son percibidos dulces y los saborizantes artificiales de proporcionar el sabor dulce se denominan edulcorantes. Los alimentos dulces suelen formar parte dentro de la alimentación humana de los postres y de los desayunos.

 

La mayoría de nuestras preferencias en cuanto a los sabores no están predeterminadas biológicamente, sino que suelen estar relacionadas con algún tipo de experiencia. Aunque existen ciertos factores genéticos que provocan diferencias en la percepción de los sabores, es más normal que las similitudes en las preferencias gustativas reflejen experiencias parecidas con distintos tipos de sabores y alimentos. La configuración de las preferencias gustativas comienza en el útero y continúa durante el resto de nuestra vida.

 

Para los recién nacidos, el sentido del gusto es el más importante de todos y el más desarrollado. Muchos experimentos con recién nacidos muestran una elevada aceptación del gusto dulce en todas las culturas. Incluso reaccionan ante una solución muy diluida de azúcar con una expresión facial de comodidad y satisfacción. Por el contrario, el sabor del ácido cítrico es rechazado haciendo una mueca con los labios. No se aprecia ninguna respuesta ante las soluciones amargas o saladas diluidas, pero en altas concentraciones los sabores amargos sí producen rechazo. Entre los 14 y 180 días de edad se aprecia un cambio en la aceptación de los sabores amargos.

 

La preferencia por el sabor dulce tiene sentido a nivel evolutivo (•sabor de seguridad•) y puede explicarse por el hecho de que indica una fuente de energía (carbohidratos) que no es tóxica y su consumo es seguro. Por su parte, el sabor amargo suele asociarse con alimentos tóxicos. Se asume que existe una programación evolutiva similar para los demás sabores. Por ejemplo, el sabor ácido podría avisarnos de que un alimento está deteriorado, mientras que el sabor salado podría relacionarse con los minerales. El sabor •umami• (= sabroso) indica una fuente rica en proteínas ya que suele darse naturalmente en alimentos de origen animal.

 

El sabor de la leche materna también podría influir en las preferencias del recién nacido.

 

Una vez que se acepta un sabor o alimento, esto también puede influir en la preferencia y aceptación de otros nuevos. Este fenómeno, denominado •aprendizaje sabor-sabor•, implica que es más probable que se acepten nuevos alimentos si se combinan con platos conocidos que si se consumen solos. Sin embargo, este efecto es más pronunciado en relación con estímulos gustativos negativos.

 

Si las propiedades sensoriales de un alimento se relacionan con sensaciones o reacciones negativas (náusea, vómitos durante o tras el consumo), se desarrolla una aversión hacia este alimento que puede continuar durante el resto de la vida (llamada •fenómeno de la salsa bearnesa•). A menudo no importa si el alimento es la causa real de esta reacción o simplemente se ha consumido poco antes o después. Este fenómeno también se observa en pacientes con cáncer que sufren náuseas y vómitos debido a la quimioterapia. En muchos casos, estos pacientes desarrollan una aversión intensa hacia los alimentos consumidos durante la quimioterapia, aunque dichos alimentos no hayan provocado las náuseas.

 

En todo caso, las sensaciones positivas también pueden modelar la preferencia por un alimento. Por ejemplo, estudios realizados con ratas han mostrado que, tras un tiempo, estos animales preferían las versiones más caloríficas de ciertos alimentos antes que sus equivalentes menos calóricos. Habían aprendido que experimentaban reacciones positivas con alimentos de mayor densidad energética que no aparecían con los menos calóricos. Este efecto se ha llamado •aprendizaje sabor-nutriente• y también se da entre las personas. La preferencia por platos con un gran contenido energético y grasas también viene modelada por el contexto social. A los niños suelen gustarles los alimentos que han comido en situaciones agradables y suelen rechazar los platos relacionados con algo negativo. Este aspecto se fomenta más por la selección de los alimentos consumidos en ocasiones específicas. Los alimentos más suculentos (alta densidad energética y alto contenido de grasas y azúcar, como los postres) suelen servirse en ocasiones placenteras como celebraciones o cuando nos visitan invitados. Por el contrario, los alimentos considerados menos apetitosos, como las verduras, suelen consumirse bajo presión: “Cómete las verduras o no hay postre”. Esto ocasiona una conexión doblemente negativa y a la vez aumenta la popularidad de platos más energéticos y la aversión hacia alimentos menos apetitosos.

 

 

PREVENCIÓN

 

Cómo educar la preferencia por los alimentos saludables

 

El objetivo es que tanto los niños como los adultos coman de la forma más saludable posible. Tal y como indica el Grupo de Revisión, Estudio y Posicionamiento de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas (GREP-AEDN) en su documento “Si tú comes frutas y hortalizas, ellos también lo harán”, la clave es tener alimentos saludables en casa y predicar con el ejemplo, ya que es mucho más probable que los pequeños prueben y acepten un nuevo alimento si observan a sus padres, a sus cuidadores o a cualquier familiar ingerir y disfrutar ese alimento.

 

La siguiente tabla, extraída y adaptada del citado documento, refleja de manera esquemática las claves para que los niños coman de forma más saludable:

 

Haga que la hora de comer sea agradable

La atmósfera emocional en las horas de comer es muy importante. No conviene utilizar estas horas como una oportunidad para regañar al niño. No haga sentir mal al niño por no comer.

Predique con el ejemplo

Los padres, familiares o cuidadores son modelos que el niño tomará como referencia para probar o no un nuevo alimento o bien en el momento de ingerir más alimentos saludables.

Exponga al niño a una variedad de alimentos saludables

Esto aumentará las posibilidades de que tenga ganas de probarlos. Ponga a su alcance alimentos saludables. Si no le insiste en que los pruebe, las posibilidades de que lo haga aumentarán.

No desista

Con paciencia, la exposición repetida (sin forzar, insistir u obligar), puede romper la resistencia.

No restrinja el acceso a determinados alimentos

Esto incrementa la preferencia del niño hacia ellos. La clave es evitar que estén en casa.

No fuerce al niño a comer ningún alimento

Esto disminuirá la preferencia por parte del niño hacia el alimento.

Recordar que la neofobia es normal

No debe tomarse como algo negativo, sino como algo frecuente y esperable.

No use alimentos ricos en energía como recompensa, ni frutas y hortalizas (u otros alimentos saludables) como castigo

Alterará las preferencias alimentarias del niño.

GEN O REGIÓN ESTUDIADA


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