Esofagitis eosinofílica

Autor: comunicación tellmeGen

El esófago forma parte del aparato digestivo, y se caracteriza por ser un conducto muscular que permite el paso de los alimentos desde la faringe hasta el estómago mediante su movimiento intrínseco.

La esofagitis eosinofílica (EE) es una trastorno autoinmune crónico que consiste en la inflamación de la pared del esófago, caracterizado por una densa infiltración de eosinófilos.

Los eosinófilos son unas células presentes en la sangre, con funciones proinflamatorias que participan habitualmente en las enfermedades alérgicas, como por ejemplo: rinoconjuntivitis, dermatitis, asma bronquial… además, los eosinófilos pueden formar parte de la estructura normal de ciertos órganos del tubo digestivo, sin embargo, en condiciones normales, el esófago está desprovisto de éstos.

En este contexto inflamatorio/autoinmune/alérgico se encuentran los factores predisponentes asociados al desarrollo de la esofagitis eosinofílica. Además, interactuando con todos ellos, se encuentran los factores genéticos predisponentes que ponen de manifiesto las relaciones entre las distintas entidades autoinmunes.

Al tratarse de una entidad autoinmune, produce síntomas de disfunción esofágica e inflamación con predominio de eosinófilos. Normalmente la clínica principal suele ser rechazo a determinados alimentos, regurgitaciones, impactación, disfagia, pirosis, dolor abdominal… y por su etiopatogenia se podría asociar a individuos con otras manifestaciones alérgicas como asma, rinitis, dermatitis atópica y otras alergias alimentarias.

Los síntomas pueden controlarse con cambios en la dieta y en el estilo de vida, así como con la optimización del tratamiento personalizado con distintos fármacos (inhibidores de la bomba de protones y corticoides prinicipalmente, junto con otros tratamientos como inmunomoduladores o inmunosupresores).

Además, es necesario vigilar las patologías asociadas a la misma, y por ello es muy importante su correcto diagnóstico y tratamiento sobre todo en la infancia.

Dada las formas de presentación y por la etiología de la misma, el diagnóstico de la esofagitis eosinofílica es clínico, endoscópico e histológico.

Cabe resaltar la importancia que están cobrando en los últimos años la genética en las enfermedades autoinmunes, así lo demuestran los últimos estudios publicados. La predisposición a determinadas enfermedades pone de manifiesto su interrelación con determinados factores que pueden poner en sobreaviso para poder actual antes del desarrollo de la clínica.

El diagnóstico diferencial debe realizarse con distintas entidadess clínica o datos morfológicos y/o histológicos similares a los encontrados en la esofagitis eosinofílica, como la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), las infecciones parasitarias y fúngicas, los anillos esofágicos congénitos, la enfermedad de Crohn, las alergias alimentarias, la acalasia, la enfermedad celíca o la ingesta de cuerpo extraño, entre otras.

El principal diagnóstico diferencial debe realizarse con el reflujo gastroesofágico (RGE), cuya mecanismo de acción es diferente y suele presentar una adecuada respuesta al tratamiento con inhibores de la bomba de protones (IBP).

En relación a los avances en el ámbito de la genética, es importante resaltar que no sólo determinadas variantes genómicas ponen de manifiesto la predisposición a distintas enfermedades, entre ellas las autoinmunes, si no que además la Medicina de Precisión cobra una vital importancia a la hora de mejorar y optimizar los tratamientos farmacológicos, consiguiendo individualizar para alcanzar la excelencia.