La coproporfiria hereditaria es un trastorno metabólico raro, de herencia autosómica dominante, causado por variantes en el gen CPOX que provocan una deficiencia de la enzima coproporfirinógeno oxidasa. Aunque muchos portadores de la variante genética nunca desarrollan síntomas, la enfermedad puede manifestarse en forma de ataques neuroviscerales agudos desencadenados por determinados factores.
Coproporfiria hereditaria (gen CPOX)
La coproporfiria hereditaria (CPH) es una de las porfirias hepáticas agudas, un grupo de enfermedades metabólicas causadas por defectos en la ruta de síntesis del grupo hemo. Se hereda de forma autosómica dominante debido a variantes en el gen CPOX, que codifica la enzima coproporfirinógeno oxidasa. Una deficiencia en esta enzima provoca la acumulación de precursores de porfirinas, principalmente el ácido delta-aminolevulínico (ALA) y el porfobilinógeno (PBG), que son neurotóxicos.
Una característica clave de la CPH es su penetrancia incompleta, lo que significa que la mayoría de las personas que heredan la variante genética (~80%) permanecen asintomáticas durante toda su vida. Los síntomas solo aparecen cuando la ruta del hemo se ve sobrecargada por factores desencadenantes específicos como ciertos fármacos, el alcohol o cambios hormonales. La enfermedad afecta a ambos sexos por igual, aunque las mujeres pueden tener más riesgo de ataques debido a las fluctuaciones hormonales. Se estima una prevalencia de aproximadamente 1 de cada 100.000 personas en Europa.
Síntomas
La CPH puede presentarse con dos tipos de manifestaciones. La más grave son los ataques neuroviscerales agudos, que suelen aparecer después de la pubertad. Estos episodios se caracterizan por un dolor abdominal intenso y difuso, náuseas que duran al menos 48 horas, e hiponatremia (niveles bajos de sodio en sangre), estreñimiento y diarrea . A nivel neurológico y psiquiátrico, pueden causar ansiedad, confusión, alucinaciones, debilidad muscular que puede progresar a parálisis y, en casos graves, convulsiones. Un subgrupo de pacientes (~30%) puede desarrollar también síntomas cutáneos, con ampollas, fragilidad y erosiones en la piel expuesta al sol.
Manejo de la enfermedad
El manejo de la CPH se centra en el tratamiento del ataque agudo y la prevención. Un ataque agudo es una emergencia médica que requiere hospitalización inmediata. El tratamiento de elección es la administración de hemina intravenosa (o heme arginato), que actúa por retroalimentación negativa para frenar la producción de los precursores tóxicos. Se acompaña de un manejo de soporte con analgésicos seguros, hidratación y un alto aporte de carbohidratos. Las personas con más de cuatro ataques al año presentan un mayor riesgo de desarrollar manifestaciones neurológicas crónicas. El givosiran, un ARN de interferencia (ARNip) que actúa directamente contra la ALAS1 es eficaz para prevenir los ataques agudos en estas personas, fue aprobado en Estados Unidos en 2019.
La prevención es fundamental y consiste en la evitación estricta de todos los factores desencadenantes conocidos, incluyendo anticonceptivos orales y progestágenos en mujeres, y ciertos medicamentos, como los barbitúricos y la fenitoína, el alcohol, el ayuno y las dietas hipocalóricas.
Genes analizados
Bibliografía
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