Infarto de miocardio

Consiste en la muerte del tejido cardíaco (miocardio) debida a la obstrucción por diversas causas de las arterias coronarias que le suministran el oxígeno. Actualmente se estima una incidencia estandarizada por edad de 276 casos por cada 100.000 individuos, y supone la principal causa de fallecimiento y discapacidad en la población general.

La oclusión aguda temporal de una o varias arterias coronarias que suministran sangre y nutrientes al corazón, puede provocar un infarto agudo de miocardio por la falta de aporte de oxígeno (isquemia). Dependiendo del territorio afectado la función cardíaca se verá más o menos comprometida.  Esta oclusión arterial podrá tener diferentes orígenes.

  • La mayoría de los ataques cardíacos se desencadenan como consecuencia de la ruptura de los depósitos o placas de colesterol de las paredes de las arterias que de forma progresiva estrechan el diámetro de las mimas, lo que se denomina ateroesclerosis. Durante un infarto, una placa puede romperse y derramar el colesterol y otras sustancias en el torrente sanguíneo, formando un coágulo en el sitio de la ruptura que puede bloquear el flujo de sangre.
  • Esta obstrucción de las arterias coronarias también puede ser causada por una burbuja de aire (embolia) que queda atrapada en una arteria coronaria.
  • Otra causa desencadenante consiste en un espasmo o contracción de las arterias coronarias que cierra al paso del flujo sanguíneo en una parte del músculo cardíaco. El consumo de tabaco o de sustancias de abuso puede ocasionar un espasmo potencialmente mortal.

Los antecedentes familiares de infarto de miocardio, especialmente en edades tempranas de riesgo (antes de los 55 o 65 años para hombres y mujeres respectivamente) representan un factor genético relevante para el infarto de miocardio, no obstante, existen otros factores que contribuyen a la aparición de alguna de estas causas:

  • Edad. Los varones a partir de 45 años y las mujeres desde los 55.
  • Consumo de tabaco y la exposición por largo tiempo al tabaquismo pasivo.
  • Presión arterial alta dado que puede dañar las arterias coronarias. Cuando se acompaña de obesidad, colesterol alto o diabetes, lo que se conoce como síndrome metabólico aumenta aún más el riesgo.
  • Niveles altos de colesterol total o LDL o triglicéridos incrementan el riesgo infarto, mientras que niveles elevados de HDL lo reducirían.
  • La obesidad está relacionada con el nivel alto de colesterol en sangre, el nivel alto de triglicéridos, la presión arterial alta y la diabetes.
  • Padecer diabetes tanto de tipo I como de tipo II incrementa el riesgo de tener un ataque cardíaco.
  • Un estilo de vida inactivo contribuye a tener un nivel alto de colesterol en la sangre, obesidad e incluso presión arterial elevada.
  • Estrés.
  • Consumo drogas estimulantes ilegales como la cocaína o las anfetaminas, puede provocar un espasmo de las arterias coronarias.

Síntomas

No todas las personas que tienen ataques cardíacos tienen los mismos síntomas o con la misma gravedad, incluso algunas no presentan síntomas. Además, aunque el infarto puede ser repentino en ocasiones, frecuentemente se asocia a signos y síntomas de advertencia en las horas, días o semanas previas. Los siguientes son los síntomas más comunes del infarto de miocardio:

  • Presión, plenitud, opresión, dolor o malestar intensos en el centro del pecho que dura más de unos minutos, que puede extenderse a los hombros, el cuello, los brazos o la mandíbula.
  • Dolor torácico que empeora o no mejora con el reposo, y que puede ir acompañado de sudoración, piel fría y húmeda, palidez, dificultad para respirar, náuseas o vómitos, mareos o desmayos, debilidad o fatiga inexplicables, pulso rápido o irregular.

Aunque el dolor torácico es el principal signo, puede confundirse con también puede presentarse con otras afecciones como la indigestión, pleuresía, neumonía, o la acidez de estómago.

Prevención

Reducir o limitar los factores de riesgo puede retrasar el momento de sufrir un infarto de miocardio y reducir la gravedad en caso de que ocurra:

  • Dejar de fumar. El tabaquismo lesiona y estrecha los vasos sanguíneos, elevando el riesgo de sufrir la enfermedad coronaria. Evitar el humo de tabaco de forma pasiva.
  • Llevar una dieta baja en grasas, colesterol, sal y azúcares, que incluya frutas, verduras, pescado y ácidos grasos omega-3.
  • Perder peso, realizar ejercicio físico de forma regular y mantener un estilo de vida activo.
  • Limitar la ingesta de alcohol.
  • Evitar el estrés.
  • Controlar periódicamente y prevenir la hipertensión arterial, los niveles de colesterol elevados y la diabetes.

Número de variantes observadas

13,5 millones de variantes

Número de loci de riesgo

89 loci

Genes analizados

ABO AHDC1 APOE ARHGAP42 ATP2B1 BMP1 CARF CDKN2B CELSR2 CELSR3 COL4A1 COL4A2 CXCL12 CYP17A1 DAB2IP DDI1 DHX36 DMPK EDNRA FCHO1 FES FGF5 FHL5 FN1 GID4 GPSM1 GUCY1A1 HHIPL1 HIC1 HNF1A IGF2BP1 IL1F10 IL6R IRS1 JCAD KCNE2 KCNK5 KLF4 LDLR LIPA LPA LPL MAT2A MIA3 MORF4L1 MRAS MSL2 N4BP2L2 NOS3 NR2C2 PARP12 PCSK9 PDE1A PDE3A PDLIM5 PHACTR1 PLG PLPP3 RASGEF1B RPP25 SCARB1 SH2B3 SHISA4 SLC22A3 SLC44A3 SMAD3 SMAD7 SMUG1 SPECC1L TCF21 TDRKH TGFB1 TMEM91 TNS1 TRIB1 TTC32 TWIST1 UMPS ZC3HC1 ZFP36L2 ZHX3 ZNF32 ZNF652 ZNF831

Bibliografía

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