La tiroiditis de Hashimoto, también conocida como tiroiditis linfocítica crónica, es una enfermedad autoinmune que afecta a la glándula tiroides. Esta patología se caracteriza por un aumento del volumen de la tiroides, infiltración de linfocitos en el parénquima tiroideo, y producción de anticuerpos contra la tiroides lo que finalmente puede desencadenar en una disminución de la producción de hormonas tiroideas (hipotiroidismo).
Tiroiditis de Hashimoto
La tiroiditis de Hashimoto, que recibe su nombre del médico japonés Haraku Hashimoto que la describió por primera vez en 1912, es una de las causas más comunes de hipotiroidismo en todo el mundo, con una incidencia de 0.3-1.5 casos por cada 1.000 personas. Hay varios factores, además de la genética, que pueden influir en el riesgo de desarrollarla como:
- Sexo, es de 4 a10 veces más frecuente en mujeres que en hombres.
- Edad, la prevalencia de la enfermedad aumenta con la edad y suele diagnosticarse entre los 30-50 años. Aunque también puede aparecer durante la infancia y la adolescencia.
- Factores ambientales, exposición a agentes microbiológicos y los niveles de iodo, selenio y vitamina D, pueden influir en mayor o menor medida, en la aparición de la enfermedad en personas con vulnerabilidad genética a la patología.
Síntomas
La tiroiditis de Hashimoto generalmente tiene una progresión lenta de varios años y puede producir bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) que puede producir síntomas asociados a la compresión de las estructuras anatómicas del cuello como disfonía (alteración de la voz), dificultad para respirar y dificultad para tragar. La actividad de la tiroides se ve alterada a medida que progresa la enfermedad reduciendo los niveles de hormonas tiroideas lo que puede producir síntomas asociado al hipotiroidismo como:
- Fatiga, dolor muscular y articular
- Aumento de peso
- Piel seca, pérdida de cabello y uñas quebradizas
- Cara hinchada
- Estreñimiento
- Sensibilidad al frío
- Dolor muscular y articular
- Pérdida de cabello y uñas quebradizas
- Depresión
- Problemas de memoria y concentración
- En mujeres, menstruaciones abundantes o irregulares o problemas de fertilidad
- Frecuencia cardiaca lenta
Prevención
No hay una forma conocida de prevenir este trastorno.
Una vez detectada la enfermedad, se debe llevar un seguimiento de los niveles de hormonas tiroideas, mantener una dieta apropiada (controlando el contenido de iodo), realizar ejercicio con regularidad y evitar el estrés puede ayudar a aliviar algunos síntomas. Se está investigando la posibilidad de suplementar con vitamina D y selenio para mejorar los síntomas, pero no hay guías específicas.
Número de variantes observadas
13,5 millones de variantes
Número de loci analizados
12 loci
Genes analizados
Bibliografía
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