Niveles de ácidos grasos omega de cadena larga

Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son los principales ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. No pueden sintetizarse en nuestro organismo y cumplen múltiples funciones, aunque la más reconocida es su implicación en los procesos del sistema inmune, donde uno tiene actividad proinflamatoria mientras que el otro tiene actividad antiinflamatoria.

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga son ácidos grasos que generalmente contienen 20 o más carbonos y dos o más dobles enlaces que se dividen en dos grupos: omega-3 y omega-6 dependiendo de dónde se sitúe en la molécula el primer doble enlace.

Actualmente, los tres ácidos grasos poliinsaturados (PUFAs) omega-3 más relevantes desde el punto de vista clínico son el ácido α-linolénico (ALA), el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA).

Los seres humanos no poseen las enzimas necesarias para sintetizar los ácidos grasos omega 3, por lo que se consideran ácidos grasos esenciales dado que deben obtenerse de la dieta.

El ácido alfa-linoleico (ALA) es un omega 3 común que se encuentra en las semillas y los frutos secos, entre otros alimentos y puede convertirse tanto en ácido docosahexaenoico (DHA) como en ácido eicosapentaenoico (EPA) dentro del cuerpo.

Los ácidos grasos omega 3 son responsables de numerosas funciones celulares, como la señalización, la fluidez de la membrana celular y el mantenimiento estructural. También regulan el sistema nervioso, la presión arterial, la coagulación hemática, la tolerancia a la glucosa y los procesos inflamatorios, por lo que pueden ser útiles en todas las afecciones inflamatorias.

El hecho de que los ácidos grasos omega 3 tengan actividad antiinflamatoria se opone a la funcionalidad de los ácidos grasos omega 6, quienes tienen actividad proinflamatoria.

La dieta occidental moderna ha variado drásticamente en cuanto al contenido nutricional de las grasas tras las recomendaciones de sustituir los alimentos ricos en ácidos grasos saturados por aquellos ricos en ácidos grasos poliinsaturados con el objetivo de reducir el colesterol sérico total y las lipoproteínas LDL y, por lo tanto, el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, la dieta moderna es más rica en ácidos grasos procedentes de los aceites de soja, maíz y canola, así como en margarinas y mantecas que son ricas en omega-6 y pobres en omega-3. El aumento del consumo omega-6 a su vez se traduce en una mayor inhibición de la producción del omega-3 sintetizado por nuestro organismo que, si no se compensa con la ingesta de omega-3, puede tener un impacto en nuestra salud.

Genes analizados

FADS1

Bibliografía

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